Don y Doña Castaña siempre estarán ahí.
Cada vez que hables bien de tu trabajo o de tu aprendizaje. Cada vez que muestres al mundo tus capacidades, lo que has hecho.
Aparecerán colgados de tu hombro haciéndote saber que eres un vendehumos, que te puede la soberbia, que lo único que puedes hacer es trabajar y trabajar.
Y da igual si eres junior o senior. Esa “gente” simplemente aparece.
Es el momento de callarles la boca.
Los que trabajamos frente a una pantalla sufrimos un síndrome del impostor particularmente intenso.
A diferencia del carpintero que construye una silla o un fontanero que instala un grifo con resultados visibles, nuestro trabajo carece de esa tangibilidad inmediata.
Y los humanos necesitamos “tocar” para creernos.
Tenemos que ponernos manos a la obra para creernos que nuestras capacidades son útiles, que importan, para que no nos venza la timidez. Y para eso hay que tener un plan y mirarse, un poco, el ombligo.
1️⃣ Convertirte en lo que quieres ser
Vivi Shin aplicó un principio del libro “Hábitos atómicos”: El objetivo no es leer un libro, sino convertirse en lector.
Lo trasladó a su carrera ajustando sus perfiles públicos: «Me esfuerzo por convertirme en una diseñadora UI/UX».
Ejercicio práctico:
En tu perfil de LinkedIn, en vez de colocar que estás «estudiando desarrollo web», cámbialo por «desarrollador frontend» o «backend developer» (aunque añadas después que estás en formación o que eres junior).
Aunque tengas experiencia esto te afecta: Escribe un párrafo corto donde tu biografía refleje esa identidad a la que aspiras.
2️⃣ Tener un plan, por pequeño que sea.
Tienes un blog con una sola entrada: la del «próximamente».
Eso le pasaba a Kat. No escribía nada porque sentía que no tenía nada nuevo que aportar. Veía influencers técnicos con miles de likes y pensaba: ¿para qué voy a contarlo yo?
Ejercicio práctico:
Escribe una lista de cinco problemas específicos que has resuelto recientemente en tu trabajo o aprendizaje, por básicos que parezcan.
— ¡Es que no me acuerdo de lo que he hecho!
Puedes revisar tu histórico de git, las carpetas que has abierto o los archivos que has modificado recientemente para refrescar tu memoria.
3️⃣ Participa en la conversación
Identifica alguna comunidad online que te guste y comprométete a responder un par de veces por semana durante un mes.
Lo cuento con más detalle en el audio de más arriba.
4️⃣ Documenta tu proceso de aprendizaje
Lo sé, lo has escuchado cientos de veces. Pero, para evitar la presión de tener que “cumplir con la audiencia” o “conseguir likes” guárdatelo para ti.
Ejercicio práctico:
Crea un diario de aprendizaje semanal. Dedica veinte minutos cada viernes a escribir o grabar una nota de voz sobre qué aprendiste esa semana, dónde te atascaste y cómo lo resolviste.
Las voces de Doña y Don Castaña no desaparecerán del todo.
Tampoco lo harán cuando solo sigues a magnates de la marca personal.
Hay que empezar por acciones pequeñas y esa era mi propuesta para hoy.